La «mala prensa» del sistema penal acusatorio

Marco Lara Klahr

CHIHUAHUA, Chih.― Detrás del ruido mediático siempre algo verdadero late. El gremio periodístico local lo muestra. Los colegas de estos rumbos viven asediados también por a) un gobierno fóbico a las libertades de información, habituado a someter a la prensa con contratos, sobornos o violencia; b) empresas noticiosas que han hecho del sometimiento su industria; c) precarias condiciones laborales; d) su propia ignorancia, y d) crecientes amenazas. Pero aun así, prevalece en ellos un ímpetu por diferenciarse de sus medios.

Recientemente, varias entidades organizamos aquí el Taller de Periodismo El Sistema Penal y el Acceso a la Información. Desafíos y Alcances [marzo 16-17, 2012], previendo que encontraríamos grandes resistencias en un tema tan sensible para la comunidad chihuahuense como la implementación del sistema de justicia penal acusatorio, en un estado donde una de las primeras declaraciones de César Duarte a la prensa, al asumir como gobernador, fue esta: «… ser realmente garantista es para otro momento, no para el que hoy vivimos» [ Omnia, octubre 18, 2010].

La mañana del día en el que cerraba la convocatoria al taller ese prejuicio se nos reforzó ante esta triste y frustrante realidad: solo un puñado de colegas se había postulado. Al paso de las horas, sin embargo, comenzaron a llegar solicitudes hasta rebasar el cupo. Aparte de la cantidad, sorprendía la calidad: se inscribieron reporteros y editores lo mismo de El Heraldo de Chihuahua, El Diario de Chihuahua y El Diario de Juárez, que de Televisa y TV Azteca, o Veredicto y Omnia, una comunicadora del Tribunal de Justicia y una académica de la Universidad Autónoma de Chihuahua ―como observadoras.

Comenzamos entonces el taller con una rica diversidad de edades, tipos de medios, trayectorias profesionales y perspectivas del ejercicio periodístico, y buenas expectativas sobre la calidad del debate y el espacio de interlocución y aprendizaje.

El programa abrió con la Mesa de debate «La experiencia de los periodistas a seis años de la implementación del sistema acusatorio en Chihuahua», para dejar claro que a los convocantes nos interesaba escuchar, problematizar y aprender todos de la experiencia de todos, sin pretender que nosotros teníamos las verdades y respuestas ―en realidad, nuestra única certeza era la de que los periodistas y los medios estamos obligados en la coyuntura actual de reforma de la justicia penal a definir nuestra posición, respondiendo a las interrogantes de si a) tenemos claro qué sistema queremos, b) cuál es y b) qué esperamos de él o de qué manera queremos que el Estado trate a los miembros de nuestra comunidad imputados o víctimas de un delito.

Al menos para mí, el gigantesco aprendizaje es que los periodistas chihuahuenses suelen hacerse esas mismas preguntas y buscar respuestas, independientemente de que estén siendo capaces de cambiar su ejercicio profesional. Entre mis apuntes sobre lo conversado durante la mesa con la que abrió el taller, sobresalen estos:

  1. Quienes desde el gobierno implementan el sistema de justicia acusatorio han menospreciado su operativización política; reformaron leyes e instituciones, y capacitaron como sea a los operadores, pero desdeñaron la sensibilización y profesionalización sistemática de un actor tan relevante como los periodistas. Un colega lo describió así: «Hemos vivido este proceso aislados y eso ha producido reticencias del gremio», mientras que otro consideró que lo anterior fue parte de una estrategia deliberada de desinformación.
  2. Los periodistas siguen teniendo lagunas sobre la «complejidad técnica» del sistema implementado.
  3. Hay prácticas comunicacionales de la policía municipal, la Fiscalía General del Estado, la Policía Federal y el Ejército contrarias al espíritu de la reforma.
  4. Los jueces llegan a comunicar de manera ineficaz y autoritaria sus decisiones de imponer reservas de información durante las audiencias públicas, y temen aparecer en televisión razonando sus decisiones.
  5. Las audiencias públicas muchas veces son simulaciones donde los ministerios públicos acuden no a debatir, sino a leer escritos, como en el viejo sistema.
  6. No hay reglas claras sobre la información que debe ser reservada.
  7. En las instituciones que intervienen en el sistema no hay comunicadores profesionales que hayan sido periodistas y comprendan sus necesidades.
  8. En ciertas coyunturas, la agenda de los políticos avasalla las decisiones judiciales y las reglas de respeto a los derechos que impone el sistema acusatorio.
  9. Al final, la desconfianza en el sistema persiste y eso no permite a los periodistas comprender y transmitir siquiera las razones legítimas de la reforma.

10. El periodismo esta inmerso en una tradición jurídica inquisitoria que conjura contra el espíritu garantista del sistema acusatorio.

11. En los medios prevalecen enfoques y agendas fundamentados en la denigración y juzgamiento de personas imputadas de delito y hasta de las víctimas.

Nadie pretende que estas verdades sean absolutas o las únicas. Pero explican en parte por qué el sistema acusatorio tiene tan «mala prensa» y no guiarse por ellas para mejorar su capacidad comunicativa es seguir desperdiciando la inestimable posibilidad de que los periodistas y los medios nos convirtamos en agentes de cambio por un sistema penal eficaz y justo, no defendiéndolo, sino, paradójicamente, observándolo y criticándolo de manera informada y persistente por aquello que hace mal, para que lo haga bien.

@Edad_Mediatica

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